-
Es Insólito. Sólo se podía escucharle mientras cada vez le alzaba la voz. - No
puedo Creer que tuviste que esperar tanto tiempo para tener el coraje
suficiente para decírmelo. hasta que te decidiste.
-
Lo siento mi cielo.
-
No sientes un carajo! De sentirlo no tuviésemos este momento. De sentirlo jamás
tus errores serían de tal magnitud. Te he perdonado tantos malos momentos. me
puse en tus zapatos para que una mala decisión de mi parte nunca afectara a los
que parece sólo a mi me importan.
-
Perdóname por favor. Necesitaba sincerarme contigo que durante tantos años...
-
Si, ahora lo vas a admitir? que durante tantos años te he descubierto y tu
fríamente tenías el descaro de mentirme en mi propia cara y lo peor es que
seguías con lo mismo?
-
No era mi intención, realmente he sido un estúpido...
-
Estúpido?, esa expresión no sería la palabra más exacta. Mejor no entremos en
detalles.
Letizia
tenía la cara roja, estaba sumamente furiosa con Marcus, durante tantos años el
amor que le profesaba era lo que la hacía evitar tomar decisiones en caliente
para no arrepentirse nunca de acciones o expresiones que pudiesen ser
irreparables.
Tenían tantos años juntos, su amor de la juventud. Estudiaron en la misma preparatoria y desde que se habían conocido hubo una gran química entre los dos, se hicieron tan unidos que se complementaron en tantos aspectos que por eso es que ella sabía cuando él hacia cosas que para ella le resultaban intolerantes que las hiciera, moralmente no eran las más apropiadas y le resultaba temor de que algunas hayan sido hasta tangibles.
- Te agradezco que me dejes pensar un poco Marcus - le dijo para evitar írsele encima y tratar de sacarle los ojos con sus propias manos, pero la calma siempre la hacía pensar mejor.
- Por favor, discúlpame Leti...
-
Nunca más vuelvas a decirme así.
Marcus asentó y sigilosamente salió de la habitación.
Las afirmaciones sobre todas las veces que ella le había descubierto sus actitudes bastantes irrespetuosas en su relación, era ya la gota que durante años había rebasado. Le quería si, mucho tal vez y por esa misma razón pensó muchas veces en terminar la relación, tantos años de matrimonio para justamente no hacerle a los hijos lo mismo que sus padres en su momento les hizo pasar a ella. Durante años tuvo que luchar para entender la decisión de ellos, con terapias que sinceramente le parecían una pérdida de tiempo ya que siempre llegaban al mismo punto de partida, y al final siempre le demostraba que sus terapistas tenían más problemas que ella. El día llegó al fin.
Ahora
que haría? Marcus siempre ocupó un lugar muy importante en su vida, no era un
hombre esculturalmente atractivo pero para ella si con un rostro muy agradable,
además era atento y amoroso, muy poco detallista en comparación a ella pero
cuando se lo proponía la dejaba sin habla y se compensaba. Es que nada en la
vida puede ser perfecto? Sería cuestión de crianza? no, sus padres aún seguían
juntos y hasta los momentos no se conocía ningún tipo de traición entre ellos y
de haberlo si que los tenían bien escondido ya que nunca salían uno sin el
otro. Retomando sus pensamientos en determinar cuáles habían sido sus fallas
como pareja, tal vez era por tanta compresión de su parte? por no exigirle como
era debido? la tolerancia no debía formar gran parte en su relación? Sus
comienzos como pareja no eran los más soñados y no por parte de ella, que a
pesar de haber callado tantas cosas para evitar malos momentos, puso siempre lo
mejor de si con el único fin de prevalecer la armonía que es la primera en
desaparecer, tal vez más por el egoísmo de las personas hoy día o la
intolerancia en aceptar que las fallas se deben mejorar y no hacerlas cada vez
más grandes.
Los
días pasaron y con ellos la decisión de dar un punto final a todo ello era lo
más correcto, las oportunidades se dieron en incontables ocasiones y es mejor
optar por salir del engaño de una vez por todas. Cogió su móvil y al discar el
número casi que inmediatamente se escuchó del otro lado de la línea,
-
Hola Letizia
-
Buenos días Marcus, necesitamos llegar a un acuerdo, te parece que vayamos a
cenar esta noche?
-
Si, como tú digas cariño.
-
Perfecto, nos vemos a las siete en casa y salimos en tu coche. Hasta entonces.
-
Hasta entonces.
Para
suerte de Leti, las cosas en la Empresa estaban bastante movidas así que casi
sin notarlo la hora de salida estaba cerca, pasaría antes un rato por el
estilista como había acordado antes para alisarse el cabello y momento después
ya estaba subiendo al coche de Michel.
-
Que te apetece Leti?
-
Lo que tu prefieras, te lo permito elegir.
-
Vale, hay un localcillo nuevo que me gustaría conociéramos.
-
Muy bien por mí. Vamos.
El
trayecto fue en rotundo silencio, imposible de otro modo, dos adultos después
de todos aunque en ocasiones parecían dos chiquillos peleando por un dulce.
Pero lejos de toda la madurez que se manejaba hasta ese momento estaba la de
una posible conciliación, por lo menos de parte de ella.
Marcus
cuando se lo propone o le interesa es caballeroso,
-
Permíteme abrirte la puerta del coche por favor Letizia.
-
Esta Bien Marcus, no objetaré nada por los momentos.
Una
vez atendidos y disfrutando de sus pedidos, comenzó el ataque:
- Marcus,
espero que....
-
Espera un Momento Leti...
-
Por favor, ya sabes que te pedí que no me vuelvas a llamar así.
-
Si, lo siento, disculpa, sólo quiero que antes de que iniciemos el por qué de
esta cena, quería agradecerte por cómo has manejado diversas situaciones
durante tantos años.
-
Son bien recibidas, pero no hay que desviarse del tema. - Típico de Marcus,
cree que va seguir aprovechándose de mi gentileza cuando adopta
expresiones como esas. Tantos años juntos y aún no me conoce!?, Triste por él!
- Marcus,
disculpa si parezco bastante grosera, pero hoy no es un buen día para tus
halagos.
-
Oh, Disculpa, que tonto soy.
-
Tienes toda la razón. Eso es indiscutible. Vamos a avocarnos a lo que hemos
venido.
- Si, todo lo que tu expongas
lo aceptaré, se que las decisiones siempre han sido pensando en el bienestar de
los niños.
Mientras
la expresión de Marcus pasó entre lo cómodo a lo incomodo aunado a resignación,
prosiguió
-
Si, vamos a confirmar tus sospechas, antes que nada he de decirte que durante
incontables ocasiones siempre esperé una respuesta verbal o física muy diferente
a la que mayormente a mi entender eran las incorrectas, que para ti eran las
apropiadas es otra cosa.
-
Si, pero leti….
-
No me interrumpas por favor, ya llegará tu momento una vez más de expresarte.
Como decía, tus acciones en ocasiones no eran las más acordes y aunque muchas
veces preferí tratar de pensar en que no se cometerían nuevamente, proseguiste
con ellas, tal vez por creer sentirte amparado en mi idiotez y de verdad que en
muchas abogué a tus palabras en los momentos de felicidad, pero su peso lo
fuiste agotando, muchas ocasiones ansié que tu lucidez llegara, pero lo que
pasó fueron los años y el colmo de la tolerancia lo sobrepasaste y preferí
dejar que no me importaras por el bienestar de los muchachos, para evitar que
formasen parte de la estadística. No quisiste colaborar y ahora que están
grandes y no son tontos, corroboraran muchas de tus acciones.
Efectivamente
ya no se daría marcha atrás, quien ha desaprovechado las oportunidades en
ocasiones incontables, por la misma incapacidad de entender que nada en la vida
ha de permanecer oculto mucho tiempo, por mas innecesarias que hayan sido, unas
con mas consecuencias que otras, ahora entendía perfectamente lo que le hizo
sentir a ella, tantas veces haciéndola pasar por paranoica, había sido más que
un tonto, un perfecto idiota que ahora tenía que aceptar que lo mandaran a la
mierda, por los desplantes, las ofensas injustas, las ausencias innecesarias,
la falta de importancia hacia ella en tantas ocasiones que pensó erradamente
correctas. Y el único culpable era él, ya no podía retroceder el tiempo, su
estupidez le venció, su machismo absurdo le hizo perder lo único que en verdad
había amado. Era demasiado tarde, en los ojos de su leti ya veía que aunque aún
le amaba ya no podía con la decepción. Tuvo que serle sincero, tarde o temprano
como siempre se enteraría y era lo suficientemente viejo para seguir con el
engaño y la mentira, disfrazada de inocencia, el numerito ya le estaba quedando
grande. Lástima que tuvo que notarlo de la peor manera, cuando era
irreversible.
Las
cosas desde ese día estaban muy claras, los varones estaban en la universidad y
la nena que era quien más le dolería todo, se encontraba haciendo una
especialización en el exterior. Tras llegar de la cena y dispuestos cada quién en su respectiva habitación, Michel se reunió
con los muchachos y les explicó que a través de los años él había lastimado
mucho a su mami con cosas que no debieron ser y que habían decidido dar por
terminado su matrimonio. Alex que era el mayor, sólo le escuchaba pero Alan que
era muy pegado con los dos, estaba un poco molesto con su padre, no entendía
que sus héroes dejarían de serlo, pero pensando en el bienestar de su madre,
era mejor que ella esté feliz sin él. Decidieron que era mejor que ellos conversaran
con Adrianna ya que por la hora en que podían hacerlo no eran las más adecuadas
para sus padres.
Los
meses pasaron y aunque dicen que la costumbre es más fuerte que el amor,
Letizia y Marcus se escribían a veces con cariño cuando tenían que finiquitar
los documentos del divorcio. Lo bueno era que los chicos ya estaban más que
grandes, pero había que pensar en el patrimonio familiar y decidieron que era
mejor repartir la herencia de los chicos de una buena vez. Así, tras seis meses
de papeleo burocrático estaban civilmente divorciados, el eclesiástico nunca se
obtendría.
Ambos
estaban todavía con buen físico a pesar de que los años no perdonan, pero se
envejece cuando el alma lo hace, no el cuerpo. Y como en todos los divorciados,
los cambios no se hicieron esperar. Llegaron los cortes de cabellos y tintes
variados para Leti, recuperando la amistad con sus distanciadas amigas de
infancia para ir al cine, comer y hasta de irse para el club o para una que
otra copilla. Pero Marcus adelgazó y sus canas se le pronunciaron más, para ver
a Leti siempre visitaba la casa con la excusa de ver a los chicos previamente
asegurándose de su presencia.
Llegaron
las vacaciones y Adrianna llegaba a pasarla con ellos, más que nada porque
sería la primera desde el divorcio de sus padres. Las intenciones eran de
compartir los cinco, pero se evidenciaba que sería algo difícil, aunque
Leti respetaba la decisión de sus hijos y con Marcus terminó en muy buenos
términos, era mejor para todos que se asumiera la realidad de las
circunstancias.
Una
de las tantas tardes en las que Letizia salía a pasar un rato con su amiga
Laura, quién era la única con la que mantuvo su amistad a distancia pese a los
cambios que genera el formar un hogar, salieron realizar unas comprillas para
variar un poco el vestuario y aprovechar las tendencias del momento. Mientras
se tomaban unas bebidas antioxidantes que están muy de moda, Laura aprovechó el
momento para indagar…
-
Leti, abusando de nuestra amistad y lo sincera que siempre hemos sido,
respetando tu decisión en todo momento, tú no sientes nada por Michel? Digo porque
después de tantos años…
-
Claro que siento todo por él Lau, pero emocionalmente ya estaba cansada. Es mi
gran amor en la vida, lo será siempre pero eso sólo no basta. La confianza es
muy importante en cualquier relación y yo hace mucho deje de tenérsela, por su
culpa si te soy más sincera.
-
Oh Leti…. Y entonces?
-
Nada, entonces nada – aseveró – las cosas están muy bien entre nosotros, son un
cúmulo de momentos inapropiados e injustos que con el tiempo el amor no me
bastaba para seguir y esperé por muchos años su sinceridad, como no llegó en
las oportunidades dadas, juré que estando los chicos más encaminados podría
tomar la decisión yo y aproveché su lucidez.
-
Más adelante, quizás…
-
No Laura, No todas las mujeres tenemos nuestros final feliz ni un vivieron
felices para siempre, a veces tenemos el un gusto conocerte y mejor sigue tú
camino que yo me voy por el mío. Cruel? Tal vez, mis ilusiones eran todas y
puse mucho a un lado para no ser egoísta, pero es triste notar que no se era
tan importante o prioritaria, aunque lejos de molestarme, comencé a
desilusionar y a esperar. No todo se puede olvidar con regalos, viajes, prendas
y Marcus sabe perfectamente que esas son mis debilidades como también que
empezaban a no surtir el efecto esperado.